NATURALEZA, TRABAJO, HISTORIA. NOTA A MIS COLEGAS DE LA SOLCHA

Naturaleza, trabajo, historia.

Nota a mis colegas de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.
 
Panamá, 11 de noviembre de 2012.
 
Colegas:
Como saben, he sostenido a lo largo del tiempo la necesidad de encarar a la historia ambiental como la de las relaciones entre nuestra especie y su(s) entorno(s) a lo largo del tiempo, incluyendo en ello, por supuesto, las consecuencias de esas relaciones para cada una de las partes involucradas. La idea básica no es mía, ciertamente. Fue Elinor Melville, hasta donde recuerdo, quien abordó nuestro campo desde esa perspectiva, definiéndolo como el estudio de la historia las interacciones entre los sistemas naturales y los sistemas sociales, en el sentido indicado.
 
Aquello en lo he intentado hacer énfasis consiste en que esas interacciones ocurren a partir del procesos de trabajo socialmente organizados y que, por lo mismo, el trabajo – en el sentido de acción racional con arreglo a fines, que demanda procesos de cooperación entre múltiples individuos – constituye, desde el punto de vista histórico, el factor realmente fundamental de esta relación. Somos, en efecto, la única especie que trabaja, en el sentido indicado, y el ambiente es justamente el producto de ese trabajo en lo que hace a sus efectos sobre la naturaleza en la que habitamos, y de la cual vivimos.
 
Esta idea tampoco es original (¿hay alguna que realmente lo sea?). Vladimir Vernadsky y Teilhard de Chardin la elaboraron en el plano teórico ya en la década de 1920, al vincular entre sí los conceptos de biosfera y noosfera (que, en el caso del jesuíta Teilhard, fue ampliado incluso en dirección al de Cristosfera como culminación del proceso de encuentro entre las criaturas y su creador). Lo esencial en todo caso es que nuestro objeto de estudio es un producto de nuestra especie, obtenido mediante el trabajo, entendido justamente como “un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza”, al decir de Carlos Marx en el segmento que dedica a esa forma peculiar de la actividad humana en el Tomo I de El Capital.
 
Hoy quisiera invitar a la discusión del planteamiento que hiciera Marx del tema ya en 1867. Con ese propósito, me permito compartir con ustedes mis notas de lectura de aquel acápite, en ese texto. Estoy convencido de que la historia ambiental es la historia. Como tal, está en la necesidad de apropiarse de todo el legado cultural anterior y someterlo a crítica en la perspectiva que demanda al problema mayor de nuestro tiempo, que es el de sobrevivir como especie al tipo de ambiente global que como especie hemos creado – sobre todo a lo largo de los últimos dos siglos de nuestros cien mil años de existencia y desarrollo.
 
Sobrevivir, en este caso, no tiene tan sólo un sentido físico. Además, implica evitar la generalización de las formas más bárbaras y brutales de organización de nuestra convivencia, que retornan a la vida diaria de millones de seres humanos en los más diversos rincones de una biosfera a la que hemos llevado al límite de sus capacidades para sostenerse, y sostenernos.
 
“Lo que distingue a las épocas económicas unas de otras”, plantea Marx en estas notas, “no es lo que se hace, sino el cómo se hace”. Allí está, en lo más abstracto, una de las claves del problema a cuya solución aspiramos a contribuir: el de los fines a los que responde la racionalidad de nuestras acciones de relacionamiento con el entorno que nos sostiene, que ha venido a ser (¿no lo fue siempre?) el planeta entero. Que es como decir, una vez más, que si el ambiente es el producto de la intervención de nuestras sociedades en su entorno natural, la necesidad de un crear un ambiente distinto nos llevará una y otra vez a la de establecer una sociedad diferente.
Y me despido, con un saludo cordial desde este rincón del neotrópico,
Guillermo Castro H.
 
Marx, Carlos: El Capital. Crítica de la economía política. Traducción de Wenceslao Roces. Fondo de Cultura Económica, México, 2010. Tres tomos.
 
Sección Tercera. La producción de la plusvalía absoluta. Capítulo V. Proceso de trabajo y proceso de valorización. Tomo I (1867).
 
1.El proceso de trabajo
 
Trabajo
“El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia prima de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia disciplina.” / 130
 
El trabajo como acción racional con arreglo a fines
“Detrás de la fase en que el obrero se presenta en el mercado de mercancías como vendedor de su propia fuerza de trabajo, aparece, en un fondo prehistórico, la fase en que el trabajo humano no se ha desprendido aún de su primera forma instintiva. Aquí, partimos del supuesto del trabajo plasmado ya bajo una forma que le pertenece exclusivamente al hombre. Una araña ejecuta operaciones que asemejan a las manipulaciones del tejedor, y la construcción de los panales de las abejas podría avergonzar, por su perfección, a más de un maestro de obras. Pero, hay algo en que el peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la mejor abeja, y es el hecho de que, antes de ejecutar la construcción, la proyecta en su propio cerebro. Al final del proceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia idealEl obrero no se limita a cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad. Y esta supeditación no constituye un acto aislado. Mientras permanezca trabajando, además de esforzar los órganos que trabajan, el obrero ha de aportar esa voluntad consciente del fin a que llamamos atención, atención que deberá ser tanto más reconcentrada cuanto menos atractivo sea el trabajo, por su carácter o por su ejecución, para quien lo realiza, es decir, cuanto menos disfrute de él el obrero como de un juego de sus fuerzas físicas y espirituales.” / 130 – 131
 
Factores del proceso de trabajo
Los factores simples que intervienen en el proceso de trabajo son: la actividad adecuada a un fin, o sea, el propio trabajo, su objeto y sus medios.” / 131
 
Objeto de trabajo
“El hombre se encuentra, sin que él intervenga para nada en ello, con la tierra (concepto que incluye también, económicamente, el del agua) […], como el objeto general sobre el que versa el trabajo humano. Todas aquellas cosas que el trabajo no hace más que desprender de su contacto directo con la tierra son objetos de trabajo que la naturaleza brinda al hombre.” /131
 
Materia prima
“[…] cuando el objeto sobre que versa el trabajo ha sido ya […] filtrado por un trabajo anterior, lo llamamos materia prima. Es el caso, por ejemplo, del cobre ya arrancado del filón para ser lavado. Toda materia prima es objeto de trabajo, pero no todo objeto de trabajo es materia prima. Para ello es necesario que haya experimentado, por medio del trabajo, una cierta transformación.” / 131
 
Medio de trabajo
El medio de trabajo es aquel objeto o conjunto de objetos que el obrero interpone entre él y el objeto que trabaja y que le sirve para encauzar su actividad sobre este objeto. El hombre se sirve de las cualidades mecánicas, físicas y químicas de las cosas para utilizarlas, conforme al fin perseguido, como instrumentos de actuación sobre otras cosas. El objeto que el obrero empuña directamente […] no es el objeto sobre el que trabaja, sino el instrumento de trabajo. De este modo, los productos de la naturaleza se convierten directamente en órganos de la actividad del obrero, órganos que él incorpora a sus propios órganos corporales, prolongando así, a pesar de la Biblia, su estatura natural. La tierra es su despensa primitiva y es, al mismo tiempo, su primitivo arsenal de medios de trabajo”. / 131 – 132
 
Herramientas, instrumentos
“Tan pronto como el proceso de trabajo se desarrolla un poco, reclama instrumentos de trabajo fabricados. En las cuevas humanas más antiguas se descubren instrumentos y armas de piedra. Y en los orígenes de la historia humana, los animales domesticados, es decir, adaptados, transformados ya por el trabajo, desempeñan un papel primordial como instrumentos de trabajo, al lado de la piedra y la maderatalladas, los huesos y las conchas. El uso y la fabricación de medios de trabajo de trabajo, aunque en germen se presenten ya en ciertas especies, caracterizan el proceso de trabajo específicamente humano,razón por la cual Franklin define al hombre como “a toolmaking animal”, o sea, como un animal que fabrica instrumentos. Y así como la estructura y armazón de los restos de huesos tienen una gran importancia para reconstituir la organización de especies animales desaparecidas, los vestigios de instrumentos de trabajo nos sirven para apreciar antiguas formaciones económicas de la sociedad ya sepultadas.” / 132
 
Modo de producir, modo de producción
Lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace, sino el cómo se hace. Los instrumentos de trabajo no son solamente el barómetro indicador del desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino también el exponente de las condiciones sociales en que se trabaja. Y, dentro de la categoría de los instrumentos de trabajo, los instrumentos mecánicos, cuyo conjunto forma lo que podríamos llamar el sistema óseo y muscular de la producción, acusan las características esenciales de una época social de la producción de un modo mucho más definido que esos instrumentos cuya función se limita a servir de receptáculos de los objetos de trabajo y a los que en conjunto podríamos designar, de un modo muy genérico, como el sistema vascular de la producción […].” / 132
 
 
Condiciones materiales de producción
“Entre los objetos que sirven de medios para el proceso de trabajo cuéntanse […] todas aquellascondiciones materiales que han de concurrir para que el proceso de trabajo se efectúe. Trátase de condiciones que no se identifican directamente con dicho proceso, pero sin las cuales éste no podría ejecutarse, o sólo podría ejecutarse de un modo imperfecto. Y aquí, volvemos a encontrarnos, como medio general de trabajo de esta especie, con la tierra misma, que es la que brinda al obrero el locus standi y a su actividad el campo de acción […]. Otros medios de trabajo de este género, pero debidos ya al trabajo del hombre, son, por ejemplo, los locales en que se trabaja, los canales, las calles, etc.” / 133
 
Trabajo, producción, producto
“[…] en el proceso de trabajo la actividad del hombre consigue, valiéndose del instrumento correspondiente, transformar el objeto sobre el que versa el trabajo con arreglo al fin perseguido. Este proceso desemboca y se extingue en el producto. Su producto es un valor de uso, una materia dispuesta por la naturaleza y adaptada a las necesidades humanas mediante un cambio de forma. El trabajo se compenetra y confunde con su objeto. Se materializa en el objeto, al paso que éste se elabora. Y lo que en el trabajador era dinamismo, es ahora en el producto, plasmado en lo que es, quietud. El obrero es el tejedor, y el producto el tejido.” / 133
 
Trabajo productivo
“Si analizamos todo este proceso desde el punto de vista de su resultado, del producto, vemos que ambos factores, los medios de trabajo y el objeto sobre el que éste recae, son los medios de producción y el trabajo un trabajo productivo.” / 133
 
Producto, producción, trabajo
“Para engendrar un valor de uso como producto, el proceso de trabajo absorbe, en concepto de medios de producción, otros valores de uso, producto a su vez de procesos de trabajo anteriores. Y el mismo valor de uso que forma el producto de este trabajo, constituye el medio de producción de aquel. Es decir, que los productos no son solamente el resultado, sino que son, al mismo tiempo, la condición del proceso de trabajo.” / 133
 
Producción, producto, materias primas [historia ambiental]
“Excepción hecha de la industria extractiva, aquella a la que la naturaleza brinda el objeto sobre que trabaja, v. gr. la minería, la caza, la pesca, etc. (la agricultura sólo entra en esta categoría cuando se trata de la roturación y cultivo de tierras vírgenes), todas las ramas industriales recaen sobre objetos que tienen el carácter de materias primas, es decir, sobre materiales ya filtrados por un trabajo anterior, sobre objetos que son ya, a su vez, productos del trabajo. Tal ocurre, por ejemplo, con la simiente, en la agricultura. Los animales y las plantas que solemos considerar como productos naturales, no son solamente productos del año anterior, supongamos, sino que son, bajo su forma actual, el fruto de un proceso de transformación desarrollado a lo largo de las generaciones, controlado por le hombre y encauzado por el trabajo humano. Por lo que se refiere a los instrumentos de trabajo, la inmensa mayoría de éstos muestran aún a la mirada superficial las huellas de un trabajo anterior.” / 133 – 134
 
 
 
Valor de uso y proceso de trabajo
“[…] el que un valor de uso represente el papel de materia prima, medio de trabajo o producto, depende única y exclusivamente de las funciones concretas que ese valor de uso desempeña en el proceso de trabajo, del lugar que en él ocupa; al cambiar este lugar, cambian su destino y su función.” / 135
 
Calidad
“En el producto bien elaborado se borran las huellas del trabajo anterior al que debe sus cualidades útiles.” / 135
 
Producto y producción, proceso
“Una máquina que no presta servicio en el proceso de trabajo es una máquina inútil. Y no sólo es inútil, sino que además cae bajo la acción destructora del intercambio natural de materias. El hierro se oxida, la madera se pudre. La hebra no tejida o devanada es algodón echado a perder. El trabajo vivo tiene que hacerse cargo de estas cosas, resucitarlas de entre los muertos, convertirlas en valores de uso potenciales en valores de uso reales y activos. Lamidos por el fuego del trabajo, devorados por éste como cuerpos suyos, fecundados en el proceso de trabajo con arreglos a sus funciones profesionales y a su destino, estos valores de uso son absorbidos de un modo provechoso y racional, como elementos de creación de nuevos valores de uso, de nuevos productos, aptos para ser absorbidos a su vez como medios de vida por el consumo individual o por otro nuevo proceso de trabajo, si se trata de medios de producción. / Por tanto, los productos existentes no son solamente resultados del proceso de trabajo, sino también condiciones de existencia de este; además, su incorporación al proceso de trabajo, es decir, su contacto con el trabajo vivo es el único medio de conservar y realizar como valores de uso estos productos de un trabajo anterior.” / 135
 
Consumo productivo, consumo individual
“El trabajo devora sus elementos naturales, su objeto y sus instrumentos, se alimenta de ellos; es, por tanto, su proceso de consumo. Este consumo productivo se distingue del consumo individual en que éste devora los productos como medios de vida del ser viviente, mientras que aquél los absorbe como medios de vida del trabajo, de la fuerza de trabajo del individuo, puesta en acción. El producto del consumo individual, es, por tanto, el consumidor mismo; el fruto del consumo productivo es un producto distinto del consumidor.” / 135-136
 
Proceso de trabajo, producto, naturaleza
“En todos aquellos casos en que recae sobre productos y se ejecuta por medio de ellos, el trabajo devora productos para crear productos, o desgasta productos como medios de producción de otros nuevosPero, si en un principio el proceso de trabajo se entablaba solamente entre el hombre y la tierra, es decir, entre el hombre y algo que existía sin su cooperación, hoy intervienen todavía en él medios de producción creados directamente por la naturaleza y que no presentan la menor huella de trabajo humano.” / 136
 
Trabajo, proceso de trabajo, sociedad
“El proceso de trabajo, tal como lo hemos estudiado, fijándonos solamente en sus elementos simples yabstractos, es la actividad racional encaminada a la producción de valores de uso, la asimilación de las materias naturales al servicio de las necesidades humanas, la condición general del intercambio de materias entre la naturaleza y el hombre, la condición natural eterna de la vida humana, y por tanto, independiente de las formas y modalidades de esta vida y común a todas las formas sociales por igual. Por eso, para exponerla, no hemos tenido necesidad de presentar al trabajador en su relación con otros. Nos bastaba con presentar al hombre y su trabajo de una parte, y de otra la naturaleza y sus materias. Del mismo modo que el sabor del pan no nos dice quién ha cultivado el trigo, este proceso no nos revela tampoco las condiciones bajo las cuales se ejecutó, no nos descubre si se ha desarrollado bajo el látigo brutal del capataz de esclavos o bajo la mirada medrosa del capitalista, si ha sido Cincinato quien lo ha ejecutado, labrando su par de jugera, o ha sido el salvaje que derriba a una bestia de una pedrada.” / 136
 
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NOTA SOBRE LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA

Borradores: nota sobre los derechos de la naturaleza

Guillermo Castro H.
 
Para Eduardo Gudynas, al Sur del Sur
 
El debate sobre los derechos de la naturaleza plantea mal a menudo un problema de indudable validez.
Lo que está en cuestión aquí es la transformación del patrimonio natural en capital natural.
En este sentido, tiene una indudable relación con la historia ambiental como disciplina que contribuye a comprender nuestras opciones de futuro a partir del análisis de las interacciones en sistemas naturales y sociales que nos han conducido a la situación en que estamos.
Los derechos que se reclaman para la naturaleza son la expresión, en ese terreno, de los derechos que reclaman para sí las comunidades que hacen uso de ese patrimonio, pero no podrán hacerlo de ese capital.
No hay armonía en la naturaleza, y la ausencia de armonía en las sociedades humanas es uno, entre otros, de los argumentos a favor de que somos una especie en evolución, y no el producto de una creación definitiva.
Lo único que nos hace distintos es que en nosotros la materia alcanza, en su evolución,el grado de complejidad que le permite pensarse a sí misma, y trazar un rumbo de conducta a quienes la poseen en sus relaciones entre sí mismos, y con su entorno natural.
Evolucionamos en la naturaleza, como parte de ella que somos.
Si todo sale bien, llegaremos a recuperar nuestra naturalidad plena en una naturaleza plenamente humanizada, y diremos que finalmente arribamos a la sostenibilidad de nuestro desarrollo como especie.
Y si no, nos extinguiremos.
Se puede profundizar todo lo que se quiera en la discusión del por qué, el para qué y el cómo.
Pero el qué se reduce finalmente a esto.
 
Panamá, 27 de octubre de 2012

ELOGIO DE LA METÁFORA. CRÍTICA DEL DESARROLLO SOSTENIBLE

Elogio de la metáfora.

Guillermo Castro H.
 
Cuando de una concepción se pasa a otra, el lenguaje precedente permanece,
pero se usa metafóricamente. Todo el lenguaje se ha convertido en una metáfora
y la historia de la semántica es también un aspecto de la historia de la cultura:
el lenguaje es una cosa viva y al mismo tiempo un museo de fósiles de una vida pasada.
Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, 2 (1930 – 1932), p. 150.
Ediciones ERA, México, 1984.
 
Poco se dice del desarrollo sostenible que vaya mucho más allá de la necesidad de encontrar alguna solución duradera a los graves conflictos que hoy aquejan a las relaciones de las sociedades humanas entre sí, con sus propios integrantes, y con su entorno natural. Y es que, en efecto, el mayor de los desafíos que encara el desarrollo sostenible sigue siendo de orden conceptual. En este terreno, las Humanidades nos ayudan a comprender mejor el lugar que ocupa este desafío en el proceso mayor que algunos han llamado “la historia natural de la especie humana”, a partir del importante papel que desempeñan las metáforas en la formación del conocimiento científico.
La metáfora, en efecto, posee la capacidad de combinar simultáneamente a múltiples significados no excluyentes entre sí, como lo hace José Martí al decir de su verso que es “como un puñal / que por el puño echa flor” y al mismo tiempo “un surtidor / que da un agua de coral”. Esto permite a la metáfora aludir a aquellos factores de incertidumbre que nutren las situaciones de malestar en la cultura, facilitando así el paso de la intuición a la certeza, y de ésta a la acción humana. 
En esta tarea, la metáfora suele operar mediante intercambios de muy diverso orden entre campos distintos de la cultura y el conocimiento. Así, por ejemplo, la comprensión básica de nuestras relaciones de el mundo natural se ve facilitada cuando tomamos en préstamo una relación sociocultural para aludir a la naturaleza como una madre generosa que trabaja para sostener a sus hijos, pero que puede también someterlos a duro castigo si éstos abusan de ella. Y, a la inversa, la noción de desarrollo – heredera de las de civilización y progreso, y de los fósiles correspondientes a la vida pasada de la que surgieron – opera a partir de una apropiación metafórica, por parte de las ciencias sociales, de un concepto proveniente de la biología, que designa el proceso de formación, maduración y muerte de los organismos vivientes.
La metáfora, sin embargo, alude y elude a un tiempo el sentido más profundo de aquello que señala. Así, al atribuir a la naturaleza en su conjunto la capacidad de trabajar que caracteriza nuestra especie puede distorsionar nuestro conocimiento del mundo natural. Igualmente, al excluir del desarrollo como categoría social y económica la muerte del organismo que se desarrolla, puede llevarnos a atribuir un carácter natural a hechos que en realidad corresponden a creaciones culturales, limitando la posibilidad de comprender las contradicciones que los animan. De igual modo, el desarrollo sostenible alude al agotamiento de aquella visión del mundo que, entre las década de 1950 y 1970, sintetizó en el desarrollo (sin adjetivos) la esperanza de que el progreso técnico y sus frutos llegaran a toda la Humanidad, de modo que el crecimiento económico sostenido garantizara bienestar social y participación política crecientes para todos, pero elude al mismo tiempo referir ese concepto particular a las condiciones históricas específicas que le dieron forma.
En verdad, el desarrollo del que se trata es el de nuestra especie a lo largo de los últimos cien mil años en su doble y simultánea dimensión biológica y sociocultural. Sus problemas incluyen, por supuesto, aquellos que se derivan de las condiciones creadas por ese proceso en el curso de los últimos cinco siglos – y del XX en particular –, desde el extraordinario crecimiento de nuestro número hasta la formación de una primera comunidad mundial de los humanos, el despliegue de formas de intervención en la naturaleza y de niveles de producción material y contaminación sin precedentes, y el hecho de que las formas de relación social y de organizaciónde la cultura que hicieron posible todo esto han venido a entrar en contradicción creciente con las necesidades que se derivan de esos resultados.
Lo ilegítimo aquí – esto es, lo eludido en la metáfora – consiste en confundir ese proceso general con cualquiera de las formas históricas puntuales que han contribuido a su despliegue, o han terminado por distorsionarlo y aun bloquearlo. Visto así, todo apunta al problema político de decidir si aún cabe subordinar el desarrollo humano a la preservación de una forma histórica de organización de las relaciones sociales que ya conspira incluso contra sus bases naturales de sustentación, o si por el contrario ha llegado la hora de encarar de la manera más decidida la construcción de aquellas formas nuevas de socialidad que mejor se correspondan con el pleno aprovechamiento de las enormes conquistas que ha logrado nuestra especie en materia de ciencia y tecnología.
Asumir esta disyuntiva obliga a trascender la metáfora del desarrollo sostenible, para pasar del problema sin solución de hacer sostenible una forma histórica particular del desarrollo humano, a encarar la necesidad de encontrar y construir las formas nuevas que hagan sostenible ese desarrollo en el futuro. Hoy, en suma, ya resulta evidente que nuestro desarrollo será sostenible por lo humano que sea, o no será, y que ese carácter tiene y tendrá su expresión más clara en nuestras capacidades para la cooperación solidaria. Haber llegado a esta disyuntiva constituye quizás el mayor de nuestros logros como especie. La forma en que la encaremos definirá no solo nuestro destino, sino además el del Planeta en que ha tenido lugar nuestra existencia.
 
Panamá, 21-25 de julio de 2004

Nota sobre el papel de la cultura en el debate sobre la sostenibilidad del desarrollo

Nota sobre el papel de la cultura en el debate sobre la sostenibilidad del desarrollo

Guillermo Castro H.
Para el ambientalismo latinoamericano, tan vinculado en su desarrollo a la relación entre deterioro social y degradación ambiental característica de nuestra región, la manera más efectiva de fomentar la riqueza natural consiste en fomentar la de las relaciones sociales de cooperación solidaria. La utilidad de este principio abstracto, sin embargo, depende de nuestra capacidad para ejercerlo en acuerdo con la circunstancia histórica que genera la crisis ambiental que nos aqueja.
Esa crisis tiene una de sus expresiones más visibles en un proceso de intensificación de la variabilidad climática natural, que a su vez estimula el cambio de los patrones de organización del clima en cuyo marco se ha desarrollado la civilización que conocemos. Esas alteraciones, y sus tendencias previsibles, han generado ya diversas iniciativas globales encaminadas a mitigar el impacto del cambio climático y a propiciar la adaptación humana a los nuevos patrones de clima que emergen de ese proceso.
Dentro de esas iniciativas destacan, por ejemplo, las que promueven alternativas de producción y consumo de energía que contribuyan a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero asociados a un incremento en la incidencia de eventos naturales potencialmente desastrosos, como los huracanes.Aun así, el vínculo entre estos factores excede a menudo nuestra capacidad para percibirlo y actuar en consecuencia.
Parte de esa dificultad se debe, sin duda, a que somos herederos de una cultura de la Ilustración liberal que, después de transitar por las opciones contrapuestas de civilización o barbarie entre 1750 y 1850, y de progreso o atraso entre 1850 y 1950, vino a desembocar en la disyuntiva entre desarrollo y subdesarrollo aún vigente, así sea porque no se ha encontrado con qué sustituirla. En ese marco, el problema de la energía tiende inevitablemente a ser considerado en relación con la aspiración a un crecimiento y una acumulación sostenidos e incesantes, propia de la cultura del desarrollo.
Esta visión debe ser criticada a partir de sus consecuencias prácticas. En materia de energía, por ejemplo, el problema a debatir no es tanto el de su origen – fósil, solar, hidráulico, eólico o biológico – cuanto el de los propósitos de su producción y consumo.
Aquí, lo que realmente está en cuestión es el lugar de la energía en el paso de una relación viciosa a una virtuosa en las interacciones entre nuestra especie y su entorno natural. Por lo mismo, esto nos plantea un desafío de orden político y cultural, antes que tecnológico.
Ese desafío, sin embargo, sólo podrá ser encarado en la medida en que lleguemos a ser capaces de asumir a la cultura de la Ilustración como un momento formativo necesario en el desarrollo de una cultura superior: la de la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie. Esta tarea no es sencilla, ni puede operar simplemente a través del rechazo mecánico de la Ilustración y sus valores, incluido el del progreso. Aquí, como nos advirtiera Antonio Gramsci, conviene recordar que
En el análisis de los problemas histórico – críticos es preciso no concebir la discusión científica como un proceso judicial en el cual hay un imputado y un procurador que, por obligación de oficio, debe demostrar que aquél es culpable y digno de ser quitado de la circulación.  En la discusión científica, dado que se supone que el interés sea la búsqueda de la verdad y el progreso de la ciencia, se muestra más “avanzado” quien se coloca en el punto de vista de que el adversario puede expresar una exigencia que debe ser incorporada, quizás como un momento subordinado, en la propia construcción
El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 2003, p. 26. [cursiva: GCH]
Para superar críticamente la ignorante arrogancia de quienes confunden el proceso general de desarrollo de nuestra especie con la forma histórica particular de ese proceso que ahora ha entrado en crisis, es necesario superar toda arrogancia que limite la posibilidad de incorporar a una visión nueva de nuestro lugar y nuestra responsabilidad en el mundo todas las conquistas y todos los sueños del pasado que hoy nos corresponde superar. Desde allí, podremos contribuir a la construcción de la cultura que llegue a ser capaz de expresar el interés general de los humanos en establecer los fundamentos de una sociedad capaz de sobrevivir al desastre ambiental creado por la nuestra, y convertir de posible en probable la transición a un mundo nuevo.